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El titular, el productor y las plataformas, los tres actores en disputa por los derechos de autor

«Un juego de tres», así definió Gustavo Schotz, director de la Dirección Nacional de Derecho de Autor (DNDA) de Argentina, al panorama actual que involucra a los interesados por los derechos de autor de una obra: el titular, el productor y las plataformas.

En una entrevista con Brands+, el directivo ofreció todos los detalles sobre el poder de las plataformas «opt out» y el perjuicio que ocasiona a los creadores de contenido, así como el potencial de la economía naranja, uno de los caminos para proteger los derechos de autor e incentivar la creatividad.

¿Cuáles son las principales problemáticas en cuanto a infracción de derechos de autor en el país? El problema que está por resolverse es cómo el titular de derechos, ya sea de quién ha hecho el esfuerzo creativo o de inversión, puede mantener el control sobre su producción cuando es demasiado sencillo y económico la distribución, sin su autorización, de sus contenidos, sobre todo en el entorno digital. Lleva poco tiempo y dinero subir contenidos, pero para darles de baja puede llevar semanas o meses y un esfuerzo por parte del titular que tiene que adaptar su modelo de negocio. La idea es ver cómo a través de un marco normativo más actualizado a nivel internacional, se puede facilitar al titular la recaudación de sus derechos.

¿Cuán importante es el avance de la tecnología en esta problemática? ¿Han surgido nuevos factores que influyen en la protección de derechos de autor? Lo que teníamos era dos intereses enfrentados: el titular y el productor. El titular que entrega sus derechos a un editor y recibe una remuneración y el productor, ambos en una disputa por quién quería más. Pero ahora aparece un tercer involucrado: las plataformas. Las plataformas que no piden autorización y donde terceros suben contenido sin autorización ni del titular ni del productor, entonces ahora es un juego de tres. En este juego de tres, las que tienen mayor poder son las plataformas «opt out», los contenidos los sube un tercero y el titular tiene que ir expresamente y dar de baja, si no el contenido sigue allí, lo cual la presunción de titularidad y derecho exclusivo que tiene el titular, hoy día pareciera que lo obliga a actuar cuando en realidad quien tiene que actuar es el que sube el contenido pidiendo permiso.

Dentro de ese debate hay dos grandes discusiones: la primera, si las plataformas son responsables o no y qué medidas se puede tomar respecto del accionar de terceros, o si las plataformas deben ejercer algún tipo de control o eventualmente un vis, no hace falta estar controlando, pero si hace falta distribuir los ingresos y la monetización que las plataformas efectúan, porque esas plataformas, no actúan gratuitamente sino que reciben vía publicidad o por suscripción algún tipo de ingreso; deben darse vuelta y distribuirlo con los titulares de derechos. Se trata de liberación de responsabilidad, en esquemas que suelen llamarse puerto seguro donde la plataforma dice «no soy responsable», o de responsabilidad más remuneración -directiva europea- en la que se establece que quien administra una gran cantidad de derechos de propiedad intelectual debe remunerar adecuadamente o debe permitir que se den de baja y que queden dados de baja, no que se dé de baja una vez y luego a los minuto se suba de nuevo.

¿Cuáles serían los caminos hacia esas las soluciones? El sector de retail, vinculado más a las marcas que al derecho de autor, ha encontrado soluciones que son más prácticas y más eficientes contra la piratería de productos falsificados. En el caso de la propiedad intelectual, vinculada al derecho de autor, es más difícil porque no siempre es posible identificar la obra o los titulares, porque se ha tratado de evadir esa responsabilidad. La economía naranja permite que creadores, sin una capacidad de inversión importante, están en condiciones de poner en conocimiento del público su creación que puede ser de todo tipo; la economía naranja facilita esto y hace que haya mucho emprendedor que no necesariamente depende de una gran compañía.

¿Qué ejemplos puede mencionar de buenas prácticas o de éxito en ese sentido? Un ejemplo a seguir son aquellas plataformas que sin ser productoras de contenido piden autorización, tienen su repertorio licenciado y a su vez otorgan suscripciones que pueden ser audiovisual, musical, etc. A su vez pagan territorialmente a través de la gestión colectiva correspondiente, por ejemplo en el caso del cine puede ser Argentores. El mecanismo completo para que en la práctica sea realmente buena debe incluir siempre la autorización, no subir contenido ni distribuir contenido sin autorización, luego la remuneración y eventualmente cuando corresponde a repertorios administrados colectivamente la intervención de la entidad de la gestión colectiva con la identificación de esas obras para que puedan ser distribuidos los derecho que generaron.

MercadoLibre y otras plataformas nacionales y extranjeras tienen un sistema donde el titular de derechos inscribe su marca y la plataforma utiliza unos sistemas de buscador donde si se utiliza esa marca le consulta al titular de derechos si el producto es original. Esa es una posibilidad, la otra es que el mismo titular de derechos le indique a la plataforma que se están vendiendo productos que no son originales y por lo tanto los tiene que dar de baja; al ser el distribuidor de esos productos es responsable de esa venta de productos falsificados.

Estos mecanismos son más sencillos con marcas porque las marcas identifican rápidamente el producto ya sea por el vocablo, el empaque, algún certificado de origen o por un canal de distribución no autorizado. En este sentido, estos sería un accionar voluntarios, donde las plataformas de retail junto con los titulares de marcas y aquellos que hacen el comercio minorista establecen un mecanismo para impedir el tráfico ilícito.

Las opiniones expresadas en Brands+ Intelectual Property News son de exclusiva responsabilidad de sus autores y pueden no coincidir con las del medio.

Valentina Ulibarri

Editora